“Somos responsable de nuestro actos,
pero no podemos hacer nada cuando
nuestros sentimientos actúan por si solos.”
José Luis Bancayán
Con esta frase quise iniciar el post, pues se me ocurrió una noche donde estaba pensando sí es que se puede culpar a una persona por sentir algo...
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La historia que cuento esta vez es de meses atrás, alrededor de 7 meses. Todo empezó saliendo de clases, en una noche fría y aburrida, una noche que luego se tornaría entretenida. Me encontraba conversando y grabando con unos amigos, tenía que presentar un trabajo y habíamos decidido que como complemento de este usaríamos un video mostrando el tema. Como salíamos de clases y no teníamos nada que hacer nos decidimos a grabar, pero no contábamos con qué nuestra compañera tendría pánico escénico frente a una cámara, lo que dificulto el trabajo, ya que ya habíamos grabado todo excepto su parte. Es en esos momentos que intentábamos grabar, que apareció ella, una jovencita de cabello marrón y laceo, ojos marrones con un brillo especial, tenía una tierna mirada, una cara tan dulce como la de una niña. Ella saludo a mis dos compañeros y yo desconcertado, me la presentaron de inmediato, y al recordar esto se me viene a la mente una línea de una canción “Buenas noches, mucho gusto, eras una chica más”. Ella nos preguntó que hacíamos, a lo que le explicamos del trabajo y de cómo Diana tenía miedo a grabar frente a una cámara, Maritza, la chica que acababa de conocer, soltó una risita por esto, a lo que Diana se ‘palteo’ más. Para entonces, las amigas de Maritza habían pasado y ya se habían ido, ella se dio cuenta pero cuando fue tras ellas, ya habían llegado a la esquina y se habían perdido en la oscuridad de la noche que combatía contra la poca luz que irradiaba de un poste de luz. Maritza volvió con nosotros, para cuando lo hizo nos habíamos cansado de grabar y habíamos guardado las cosas, por lo que Maritza se nos unió para pasar a retirarnos.
Ya listos para retirarnos, Diana nos pidió que la acompañáramos a la biblioteca a dejar unos libros y así pues, nos encaminamos a la biblioteca. En el camino Leo, mi amigo dueño de la cámara, iba conversando con Diana, Dios sabe de qué; por detrás, íbamos Maritza y yo, conversando sobre nuestras carreras, cuánto tiempo íbamos en la universidad, etc. Es en el camino a la biblioteca que nos encontramos con Bryan, un amigo de Leo al cual conocí semanas atrás. Él primero saludo a Diana, luego a Leo, seguido a mí y luego vio a Maritza y la saludo, algo que me dejo confundido, ellos se conocían, otra prueba que el mundo es realmente pequeño. En ese momento no me atreví a preguntar cómo se conocían ni nada, solo espere a que Bryan se despidiera, lo que sucedió inmediatamente, ya que según él lo esperaba unos amigos para ir al hueco a ‘chupar’. Seguimos por nuestros caminos hasta llegar a la biblioteca, donde luego de dejar los libros nos detuvimos a buscar una moneda de 5 soles que se le cayó a Leo por intentar hacer malabares para sorprender a Diana. Luego de una incesante búsqueda que terminó con la moneda de 5 soles en la maleta de Leo, nos dirigimos a la puerta de salida para retirarnos cada uno a su casa. La caminata fue corta o quizás tanto parloteo con Maritza hizo que pareciera así. Cuando nos dimos cuenta eran alrededor de las nueve de la noche, nos dividimos, Leo y Diana cruzaron la pista, mientras Maritza iba hacía el paradero izquierdo y yo al paradero del lado derecho.
Los días y meses pasaron con encuentros inesperados con Maritza, tardes de risas, de juegos, amigos en común, nuevos amigos. Leo se percató de todo esto y empezó a preguntar si no pasaba nada con ella, a lo que solo respondía que es una amiga con quién la paso bien. No sé en qué momento paso, pero poco a poco Maritza fue entrando en mi cabeza, llegó un momento donde buscar a uno era encontrar al otro y donde, a pesar que no sean momentos diferentes a los vividos anteriormente, cada momento se hacía cada vez más hermoso. Jamás en mi vida había sentido tanta alegría como la que sentí en esos momentos vividos junto a ella. Poco a poco nos fuimos conociendo y llegamos a confiar el uno en el otro, pero esa confianza es la que me apuñalo. Ese día nos encontrábamos hablando por Messenger y de un momento a otro ella me dijo que me tenía que contar algo, todo curioso le pregunte qué pasaba y me dijo que estaba confundida pues había estado viendo a su ex y que pensaba que aún le gustaba, en esos momentos un fastidio vino a mi (aún me pregunto si fueron… ¿celos?). Le pregunte sobre él, que había pasado y cosas así. Ella me respondió diciéndome que lo conocía de sus colegio, habían estudiado juntos hasta cuarto de secundaria, que él se fue, eran bueno amigos y por eso mantuvieron el contacto, y que el alejarse había hecho que ella sintiera que lo extrañaba y a él le paso lo mismo. Poco a poco empezaron a salir hasta que al mes de salir él le dijo que le gustaba y que sí ella quería estar con él, cosa que acepto inmediatamente. Estuvieron alrededor de seis meses, hasta que un problema de celos por parte de ella creó una desconfianza en la relación que no hizo más que dañarla y llevarla a la ruptura. A pesar de que habían pasado ya dos años desde ese incidente, ella aún sentía un gran afecto por él, por lo que ahora que había empezado a salir con él de nuevo ya no estaba segura si es que lo había olvidado o si siempre estuvo ahí. Escuchar esto produjo que las lagrimas saltaran en mí, me sentí débil, triste, fue en ese momento en el que me di cuenta que Leo tenía razón, me había, aunque no he usado está palabra en años, enamorado de ella y ahora podía perderla. Mi curiosidad no pudo más y me llevo a preguntar si es que su enamorado era de la misma universidad, a lo que me respondió que sí, un poco nervioso pero con ganas de saber más, le pregunte si es que era de nuestra facultad, recibiendo por segunda vez un sí. Ya más nervioso de lo habitual, tomé aire para poder escribir las palabras que me sentenciaron, “lo conozco?” a lo que recibí un “Sí, es Bryan”. En ese momento mi dolor creció, Bryan durante todo el tiempo que estuve conociendo a Maritza se volvió un gran amigo mío, no solo por llevar algunos cursos juntos, si no por compartir gustos por videojuegos y por el escribir, lo que había llevado a considerarlo un gran amigo. En ese momento todos esos recuerdos de conversaciones en las clases de historia sobre una chica que lo marco, esos poemas leídos que él escribía para su musa “x” de quién no me quería hablar pues según el no existía, en ese momento todo tuvo sentido, mi gran amigo, mi ‘patasa’ seguía enamorado de su ex, su ex a la que yo conocía sin saber y de la que ahora yo me enamore…


