La misma sala de siempre y el mismo sonido fastidioso del teléfono
(Ring... ring..)
Hola, que fue?
¿Qué?
No te entiendo
Ah ya
Es que este teléfono esta medio malogrado y no se escucha bien
Chao
La llamada me dejo confuso, no entendía que había pasado, pero algo había sucedido, no había duda. Era mejor cerciorarme que todo estaba bien, por lo que cogí el celular y marque tan rápido como pude su número y apenas contesto grite:
Mamá llámame!
Pasaron unos minutos para que mi celular sonara.
-¿Qué paso?
-No... no... no ... ¿sucedió?
-Pero.. ok te espero
Quisiera no haber escuchado lo que me dijo, sabía que se acercaba el momento, sabía que debía estar listo, pero a quién no le choca escuchar una noticia así. No hice más que echarme en el sofá y coger a Lucky, se ha vuelto un gran compañero. Lo abracé y en ese tiempo empecé a recordar todas esas veces en el parque, cuando era niño, todos esos señores de cabellera gris, que se fue volviendo blanca con el pasar de los años, que me presento, aquellos señores que eran ancestrales en la urbanización, los llamados ‘jubilados’. Recordé sus ‘CARAJO’ que lanzaba, también como de un grito hacía correr al perro entonces conocido como Ciclón. Lo recordé como nunca. Todas esas mañanas que salía a comprar su pan, todos esos días en los que lo encontrabas a tres cuadras de la casa leyendo el periódico en una esquina. Vino a mi mente las imágenes de mí llegando del colegio, yendo a saludar y verlo sentado en su silla, vigilando entre sus sueños lo que sucedía. Mi infancia entera y juventud vino a mi memoria como viene un rayo solar en este verano, fue repentino y fuerte, fue volver a vivir en unos instantes todo eso. El siempre estuvo presente en mi vida, ahora ya no lo está, se fue, se unió a Alvaro, su nietecito que tanto quería y que también partió.
Algo me sacó de todo ese transe, Lucky había empezado a lamer mis lagrimas que habían brotado, como las que corren por mis mejillas ahora mismo al escribir estas líneas. Son dieciocho años de vida junto a mí, ahora ya no está. A veces de niño pensaba que era muy recto, no, siempre dije que era así, pues siempre impuso respeto, el cual se lo ganó. No solo parte mi abuelo, parte una de las personas que más influencio en mi vida fue una imagen paterna adicional durante estos 18 años, aún cuando tuvo paralizado medio cuerpo los últimos tres años, la fuerza con la que luchó es algo que admiraré por siempre. Adiós Rigoberto, adiós abuelo, únete a Alvaro, algún día los alcanzare, algún día te volveré a ver y espero recibir un buen ‘CARAJO’ por los errores que cometa.
