Era un día caluroso de Enero,
las fiestas ya habían acabado y Luis se encontraba camino al centro comercial
más cercano a su casa. Supuestamente iría a comprar un par de zapatillas, pero
la verdad es que solo quería escapar de aquel ambiente tenso que había en su
casa tras las constantes peleas de sus padres. Y es que por más que acababa de
terminar una época de paz y amor, su familia cada vez estaba más desunida.
Desde aquel incidente que los marcó a todos, nunca nada volvió a ser igual.
El centro comercial era muy
concurrido, en especial ese día, pues era feriado. Luis buscó y buscó en la
sección de zapatillas de un conocido almacén, pero no encontraba ninguna que le
gustara. Ya cansado y apunto de rendirse, se le dio por ir a otro almacén que
estaba en el centro comercial, lo cual era extraño para él, pues nunca le había
gustado ese almacén, pero esta vez decidió ir.
Es en este almacén que
encuentra unas zapatillas que le agradaban, eran de una marca de la que no
había escuchado hablar, pero a Luis muy poco le importaban las marcas. Si le
gustaban y eran cómodas, para él era suficiente. El problema fue para poder
probarse las zapatillas, ya había pedido a un chico el modelo en su talla, pero
este no regresaba de la trastienda. Cansado de esperar, Luis decido ir a
buscarlo, pero entonces un señor empezó a discutir con otro, pues aseguraba que
el primero lo había golpeado a propósito para quedarse con unas zapatillas. La
pelea estalló justo frente a Luis y a una chica que había a su costado. Luis
solo atinó a cubrir a la chica y llevarla a un lado, mientras la seguridad del
almacén aparecía para calmar los ánimos y llevarse a ambos señores al puesto de
seguridad.
-¿Estás bien? – dijo él.
-Sí. Gracias por cubrirme –
dijo ella.
-A veces las personas son
estúpidas, pelearse por unas zapatillas… - agregó él.
-Tienes razón. Pero igual,
muchas gracias, me pude haber lastimado por culpa de estos idiotas. –agregó ella.
-Por cierto, mi nombre es Luis
– dijo él.
- Lo sé. – dijo ella.
-¿Ah? – dijo Luis, que se
encontraba confundido.
-Llevamos Publicidad 1 en la
universidad. Soy Anna. – señaló ella.
-¿Publicidad 1? ¿Con Jiménez?
¿Estabas en esa clase? – dijo Luis, aún confundido.
-Sí, ¿no te acuerdas de mí? Me
sentaba en primera fila, creo que una vez hablamos, porque me preguntaste si es
que ya había pasado lista, no solías llegar temprano. – Dijo ella, mientras
lanzaba una pequeña risa.
-Oye, pero que pequeño es el mundo. Eso fue
hace ya como que… ¿dos años? Wow, que ha sido de tu vida.
-Pucha, ahí con los estudios,
avanzando a full y practicando.
-¿Estás practicando? ¿Dónde?
-En una ONG, cubro el puesto
de practicante de comunicaciones.
-Oye que genial, pero, tu no
ibas a publicidad, sino me equivoco, ¿no?
-No, no, yo iba a periodismo,
pero me gustaba también la publicidad, por eso también lleve ese curso. Aunque
aquí entre nos, el profesor no era tan bueno que digamos.
-(riéndose), eso dices porque
no vas a publicidad, Jiménez es de los mejores del medio, y también es mi jefe.
-Oh rayos, eh, por eso digo
que era buen profe…
-Solo bromeaba, no te
preocupes. Yo aún no practico, pero ya debería empezar.
-Yo también. Bueno, quisiera
seguir conversando Luis, pero me temo que me están esperando y se me ha hecho
un poco tarde.
-No te preocupes, Anna. Ve con
tu galán.
-Yo no dije que fuera hombre.
-Pero tampoco lo negaste, eh!
-Bueno, sí. Es solo un amigo.
Cuídate Luis, y gracias nuevamente por cubrirme. Te debo una.
-No te preocupes Anna, en algún
momento te necesitaré y podrás pagármela. Cuídate.
Él le dio un beso en la
mejilla y vio como ella se perdía entre la multitud. Y con una sonrisa dibujada
en el rostro pensó que por algo ocurrían las cosas.
-Eh, joven, aquí tiene las
zapatillas… - dijo una voz que despertó a Luis que seguía mirando hacía donde
se fue Anna.
-Ah?
-Las zapatillas que me pidió,
aquí están en talla 44 – dijo el joven empleado de la tienda.
-Ah… no, ya no las quiero.
Disculpe. – Dijo Luis mientras se alejaba y mientras el empleado le lanzaba una
mirada de odio.
-Esa chica es tan… tan linda.
Tiene algo que me agrada. Quisiera poder hablarle, quizás debería hacerlo. La
buscaré en la intranet de la universidad, si llevamos cursos, ahí deben estar
sus datos y así podré buscarla en Facebook. Eso es, la buscaré en Facebook, la
agregaré y le hablaré. Lo haré sí o sí. – Se dijo Luis mientras tomaba el bus para
su casa.
Llegó a su casa a la media hora y quiso entrar
a la computadora, pero sus padres empezaron a recriminarle el que haya salido
sin avisar, y que tenía que sacar al perro y otras tareas más. Para cuando
acabó, Luis estaba tan cansado que solo atinó a echarse a dormir.
El día siguiente llegó y él
estaba dispuesto a encontrar el Facebook de Anna. Hizo las cosas de la casa
temprano, de forma que sus papás no se enojaran con él y lo dejaran navegar por
internet tranquilo. Ya en la computadora, se dirigió al campus virtual y empezó
a buscar el curso de Publicidad uno que llevó dos años atrás. Entró a la lista
de alumnos y la encontró ahí. Anna María Pacheco Salas con código 20093450.
Una vez ubicado su nombre y
apellido, pasó a buscarla en la red social. Para su mala suerte, habían muchas
Annas Pacheco, pero ninguna foto de perfil cuadraban con la imagen que Luis
tenía de Anna. Triste por no poder hallarla, se propuso buscarla en el grupo de
Facebook de la facultad. Donde lastimosamente tampoco tuvo suerte.
Ya dándose por vencido, se
acordó que en aquella época, Anna hizo grupo con su ex–mejor amiga, Melissa. Era
una difícil decisión, con Melissa las cosas no habían acabado bien, y es que
ella lo besó estando picada en la fiesta de Miguel, el hermano de Melissa, y
Luis para evitarse problemas con Miguel que también era su mejor amigo, le dijo
a Melissa que no podía ser. A lo que ella se enojó con él y desde entonces
habían hablado unas cuantas veces y dicho que quedaban como amigos, pero nunca
nada fue igual. Ahora Luis necesitaba pedirle a Melissa que lo ayude a
encontrar a Anna. Eso iba a estar bien difícil. Si algo sabía Luis de Melissa,
es que era bien celosa y orgullosa, y eso iba a ser una traba para encontrarla.
Pero Luis lo pensó bien y decidió
hacer como si le pidiera el favor por parte de otra persona. Entonces aprovechó
que Melissa salía conectada desde el celular y le habló.
-Hola Melissa, ¿cómo estás?
El mensaje de visto apareció a
las 11:35 a.m., pero no hubo respuesta en los siguientes minutos. Luis empezó a
pensar que había sido una mala idea cuando vio un “Melissa está escribiendo…”.
-Hola Luis, a los años. Yo
estoy bien, full con la chamba, ¿y tú? A qué se debe este milagro.
-Hola Melissa, yo estoy bien,
gracias. Te escribo porque bueno, quería saber cómo estabas, y bueno, también porque
el chino me pidió un favor…
-O sea, que si no te hubieran
pedido el favor no pensabas hablarme?
-Melissa… no es eso… de por si
hace tiempo te quería hablar, pero no sabía cómo y bueno, se presentó la
oportunidad y aquí me tienes…
-Ah ya, o sea, no sabías cómo
hablarme, mejores amigos por las puras, eh.
-Oye, tu tampoco me has
hablado en todo esto tiempo, no sé porque me culpas de todo a mí.
-En verdad esperas que te lo
diga?
-Ya ya, no quiero pelear… me
puedes hacer el favor?
-No que era para el chino?
-Sí, pero yo te lo estoy
pidiendo.
-Ya ya, a ver dime de qué se
trata – dijo ella.
-Es que en Publicidad uno, con
Jiménez, tu hiciste grupo con una flaca de periodismo, lo recuerdas?
-Ala, publicidad uno fue hace
dos años… Creo que se llamaba Anna, si la recuerdo. ¿Qué tiene?
-Ya, es que el chino necesita
su Facebook para una vaina que estaba viendo con ella y no la encuentra.
-Y, ¿por qué no la llama a su
celular? Si está viendo un proyecto con ella debió pedirle el celular, mínimo.
-La verdad no sé los detalles,
pero bueno. ¿Me lo puedes pasar?
-Pucha… ya, está bien, no me
quiero hace hígado por las puras. Déjame buscarlo.
-Ya, genial.
Luis había olvidado la
facilidad que tenía Melissa para hacerlo enojar con su forma de ser, aun así
fueron buenos amigos por dos años. Pero eso ya había quedado atrás.
-Ya, ya lo encontré. Al
principio pensé que no la tenía, pero aquí está. Su nombre llevaba un ’ por
delante, por eso no la encontraba.
-Oh genial. Muchas gracias
Melissa, se lo pasaré al chino.
-De nada. Y bueno… que planes
para mañana? Podríamos ir al bar frente a la U. a tomar unas cervezas y
ponernos al día…
-Oh pucha, no creo que la haga…
estoy aguja. Pero cualquier cosa te aviso, pues. ¿Sigues con el mismo número?
-Sí, aún mantengo ese número.
-Vale, entonces yo te aviso.
Más bien me voy, se me hace tarde.
-Ok, cuídate…
-Bye…
Luis sabía que no la iba a
llamar, pero luego del favor que le había hecho Melissa, no podía chotearla de
frente.
Al fin lo tenía, había
conseguido el Facebook de Anna. Ahora solo esperaba que ella se acuerde de él y
no lo tome por acosador por agregarla un día después de su encuentro casual.
El decidir si le daba o no a “agregar
amigo” le tomó algo de veinte minutos. Luis se puso a evaluar los pros y
contras de la situación. Al final, cuando se estaba desanimando, sintió por
dentro que la vida había querido que ellos se cruzaran por algo y que él no perdería
nada siguiendo ese instinto. Al fin y al cabo, era un año nuevo y él se había
prometido asimismo que este año sería diferente.
Le dio click a agregar amigo y
cerró la laptop. Se tiró en su cama y se puso a escuchar música para no pensar
en lo que había hecho. Poco a poco se fue quedando dormido.
-(ring ring ring)…
-(ring ring ring)… Ah?
-Mierda, el teléfono.
Luis corrió, pero para cuando
llegó ya era tarde, ya habían cortado. Vio el identificador de llamadas y se dio
cuenta que había sido su papá. Vio su celular y en el salía un mensaje de cinco
llamadas perdidas. Y una notificación de Facebook. Cuando estuvo dispuesto a
ver la notificación, su papá volvió a llamar.
-¿Dónde mierda has estado?
-Lo siento papá, me quedé
dormido.
-Dormido no, huevón. ¿Dónde
mierda estás?
-En la casa.
-Hay de ti que me estés
mintiendo. Ya limpiaste lo que te dijo tu madre?
-Sí papá, ya lo hice. También
ya cociné y lavé la ropa.
-Más te vale, no quiero
discutir con tu madre de qué no haces nada en casa.
-Hoy vas a llegar tarde otra
vez?
-A ti que te importa la hora a
la que llegó. Acaso eres mi padre o que cosa?
-No papá, solo quería saber
por si te esperaba para cenar…
-No, no, cena tu solo, tu
madre va a salir con sus amigas y yo me iré con mis amigos por ahí.
-Ah ya papá.
-Nada de llevar amigos a la
casa, que yo sabré y ya sabes que te cae.
-Sí papá, no vendrá nadie.
-Ok, te corto. Y hay de ti que
no mee conteste el teléfono nuevamente.
-Ya papá…
El papá de Luis, tenía un carácter
especial, el ser ex militar había llevado a qué piense que todos están bajo su
mando y que él tiene la última palabra. Esa misma forma de ser había sido parte
de los problemas que tenía con su esposa, la mamá de Luis, una administradora
de una empresa privada que era bien remunerada, pero que por lo mismo no pasaba
buen tiempo en casa y que no soportaba a personas como el papá de Luis, o mejor
dicho, no lo soportaba a él.
Luego de colgar, Luis vio sus
notificaciones, lo habían etiquetado en un evento para una fiesta el sábado
próximo. Se puso a ver su página de Facebook, cuando la notificación llegó.
Anna había aceptado su
solicitud de amistad y ahora eran amigos en la red social.
A Luis lo tomó por sorpresa en
inmediatamente la buscó en la lista del chat de Facebook, pero no la encontró.
Entonces decidió buscarla por su nombre, pero ni aun así apareció. Empezó a
creer que era producto del sueño. Busco la notificación y entró directamente al
perfil de Anna. Lo primero que vio fue su foto de perfil, con una gran sonrisa,
la cual le pareció familiar. Sentía que ya había estado en esa página de perfil
antes, incluso antes de pedírselo a Melissa.
Luego de ver la foto de
perfil, decidió hablarle, así que busco el icono de “MENSAJE” y le dio clic.
Una ventana se abrió y escribió un “Hola, te acuerdas de mí? Te cubrí ayer…
Publicidad con Jiménez… El almacén”, y le dio a “Enviar”.
Esperó una respuesta... pero
no aparecía nada. Se quedó mirando el celular con la ventanita de chat abierta
por más de veinte minutos.
Cuando decidió apagar el
celular y dejarlo por ahí, vio un “ ’Anna está escribiendo…”

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